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Ana, Mente de Pollo ¿Conoces la Razón de lo que haces?


Toda mi vida he considerado que, a pesar de ser muy inteligente, no tengo buena memoria para recordar cosas como fechas de cumpleaños, números de teléfono, nombres o incluso muchos detalles/recuerdos interesantes de mi infancia. Mi hermana, por otro lado, es una maestra de las memorias. Puedes preguntarle momentos exactos y detalles que nadie en mi familia recuerda, pero ella sí.


Pero un reciente descubrimiento me demostró que no soy tan “mente de pollo” como muchos piensan. Y es que me di cuenta que los recuerdos que van en torno a una cena familiar, una comida en específico, una experiencia en la cocina o cualquier cosa que tenga que ver con comer, viene a mi mente con tal facilidad, que hasta a mí me sorprende.


“¡Uy pero qué gordis Ana!” estarán pensando luego de leer lo anterior. Pero lo cierto es que la comida es más que solo "comida": Alimentarse ha evolucionado desde ser una necesidad básica del ser humano a ser pilar de las culturas, de nuestra manera de socializar y hasta forma parte importante de nuestros recuerdos de vida. Crear y revivir memorias a través de lo que comemos es lo que nos apasiona a aquellos que vivimos de la gastronomía.


En mi caso, a diferencia de mi hermana que es un poco más detallista con todo, metódica y tiene una memoria increíble, mis recuerdos más memorables e importantes van en torno comida. Y más allá de recordar solo la comida, recuerdo detalles que ni yo me creía capaz de recordar, solo porque dicha experiencia iba en torno a compartir una galleta con mis primas, cocinar con mi mamá, probar comidas de países que he podido visitar… en fin, ya se dieron cuenta que soy una especie de Food Geek, sobre todo cuando hablo del impacto que tiene la comida en quienes somos como sociedad.


Uno de los recuerdo más vívidos de mi infancia son las galletas de m&m que nos hacía mi mamá cada vez que mis primas venían a pasar vacaciones en nuestra casa. Recuerdo muy claro como mi mamá escondía una bolsa gigante de los chocolates en el congelador (o por lo menos lo que para mí en ese entonces parecía gigante) para que ninguna pudiese alcanzarla en nuestras misiones de medianoche en busca del snack nocturno para seguir jugando Barbies.


No puedo dejar pasar las tarde de Bingo en casa de mi tía, en las que nos compraba a mí y a mi prima dulces de cajeta, de esos que solo le agregas el huevo y el agua y listo, para venderlos a las señoras que jugaban bingo con ella.


Y ni hablar de la primera vez que cocine algo al horno: Pescado en una cama de papas con vino blanco. No recuerdo cuántos años tenía, lo único que sé es que mi mamá me ayudó a meter la bandeja al horno porque yo no podía con ella y que el pescado sabía a puro vino blanco y no tenía sal! Pero mi familia muy amablemente se lo comió todo, aunque estaba super malo.


Así muchas otras experiencias que sin querer han marcado mi vida y labraron un caminito para sentir esa pasión por la gastronomía y todo lo que para nosotros puede llegar a significar un alimento: tradiciones, experiencias, recuerdos, hitos de vida, celebración, duelo.


Les cuento esto porque hace unas semanas, en un curso Marketing, la profesora nos dijo:


"¿Ustedes creen en lo que hacen? Para mercadear lo que haces/para lo que trabajas, debes creer en ello. Si no tienes esa base, ni con la estrategia mejor planteada del mundo podrán venderse."


Esta pregunta me dejó con interrogantes.

Pase de un "Pues SI, claro que creo en lo que hago" a un "Pero, ¿Por qué creo en lo que hago"

Fue entonces cuando sabía que debía resolver esas dudas antes de seguir y poner todo mi empeño en algo en lo que no creía.

Como cocineros, chefs, pasteleros... crear experiencias es lo que nos mueve, por lo menos a mi lo hace.

Formar parte de las celebraciones de mis clientes, representar y reflejar una marca con un detalle bien hecho. Todo esto forma parte de crear memorias, a través de los postres y del arte que muchos de ellos transmiten.


Siempre recuerda tener muy aferrado a ti el por qué de lo que haces, para que en ese momento de cansancio, atareo o incluso poco trabajo, esas razones te muevan y te den el Norte al que debes marcar tu mirada.


Y tu, ¿Crees en lo que haces?





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